Páramos de Yorkshire, 2017.
Charlotte Brontë falleció tal día como hoy en 1855, a la edad de 38 años.
(Escribí una biografía de Charlotte y doné un ejemplar a la biblioteca del Brontë Parsonage)
Páramos de Yorkshire, 2017.
Charlotte Brontë falleció tal día como hoy en 1855, a la edad de 38 años.
(Escribí una biografía de Charlotte y doné un ejemplar a la biblioteca del Brontë Parsonage)
Una relación humana honesta —es decir, una en la que ambas personas tengan derecho a usar el verbo «amar»— es un proceso delicado, violento, a menudo aterrador para las dos personas implicadas, un proceso de refinado de las verdades que cada una puede decirle a la otra («Las mujeres y el honor», imprescindible de Adrienne Rich en sus Ensayos esenciales)
Hoy hace dos años que me despidieron. Al caer en la cuenta gracias a uno de esos recuerdos que te llegan en las redes sociales (mi cara llorosa tratando de mantener la compostura en la presentación de una de mis traducciones aquella misma tarde) han vuelto a mi memoria los meses en que soporté el mobbing de mi jefa y su secretaria hasta que las que no lo pudieron aguantar fueron ellas y prefirieron zanjar el asunto con un despido improcedente.
Qué tiempos tan sombríos. Una mañana me caí por una alcantarilla (sí, en serio) y hecha polvo seguí mi camino porque si no estaba a mi hora sabía que me harían la jornada aún más invivible. Por la noche acabé en urgencias, claro. Pero esa caída era mi alma sabia diciéndome eh, por este camino no, me estás haciendo daño y ya no sé cómo avisarte.
Hubo vergüenza también, al darme cuenta de que no fui la tía dura que siempre he querido ser. Ah, pero la vulnerabilidad está ahí y yo me hago débil cuando pongo amor y me dañan.
Ha sido un viaje por el interior de una alcantarilla, este tiempo. Las putas cloacas de mi integridad. He tenido una crisis tan grande pensando en las veces que yo habré podido hacer daño por omisión, que he salido del subsuelo como una jodida leona y ya jamás.
Una de mis Peligrosas, Nerea, ha escrito una autoetnografía sobre su trayectoria como artista y me ha inspirado para hacer la mía acerca de mi cuarto de siglo en el activismo feminista. En el camino recorrido, ahora de la mano de mi verdadera jefa, me encuentro con toda la maravilla pero también con todas mis faltas. Veo mujeres que se alejan y a las que nunca dije adiós. Y ya jamás.
Además, que dentro de nada me va a caer una buena por ser una mala feminista. Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.
Por esta leona.
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El otro día volví a ver una de esas películas lésbicas de los noventa que conseguíamos de importación en la librería Berkana, Claire of the Moon. Valoraciones aparte (madre mía, jajaja), hubo una escena que me puso mal cuerpo porque me resultó muy familiar y porque hace tiempo que, afortunadamente, no rememoraba ese sentimiento.
Claire se entera de que su compañera de bungalow en un retiro de escritura, Noel, es lesbiana. Hablan de ello y Noel le pregunta algo así como:
—¿Supone algún problema para ti?
Galante, respetuosa, Noel quiere saber si compartir la casita con ella va a hacer sentir incómoda a Claire.
No. Claire es moderna, muy abierta. No te preocupes, Noel.
¡Preguntábamos si nuestra existencia ofendía!
¡Temíamos incomodar por existir!
¡Ser lo que éramos era de mala educación!
¡Era de buena educación preguntar si podíamos ser lo que éramos!
Éste es el viaje de muchas de nosotras, las lesbianas que ahora tenemos cuarenta, cincuenta años. Discretas entre semana, pelis estadounidenses para soñar, el chat de chueca.com para encontrarnos y las noches de Chueca para besarnos.
Al final no encontré la poesía en ningún rincón oscuro de esos bares que tenían nombre de secreto, de anonimato: Escape, Truco, Sutileza, Fulanita de Tal…
No la encontré en ese «pues tú no pareces lesbiana» que se supone que era un cumplido.
No la encontré dando a nadie las putas gracias por tolerarme.
No la encontré intentando ser menos gorda, menos bollera. Menos yo.
La encontré el día en que me paré a escuchar mi Deseo.
El día en que tendí la mano a mi sublime cuerpo.
Ahí está mi poesía.
Así que eso quiero para quien me lea. Que en este Día Mundial de la Poesía busquéis la vuestra.
(Y a todas las mujeres que he tenido entre mis pechos… mmm, os quiero más que Idgie a Ruth)
Ayer La Gran Belleza, revista literaria, presentó su número 12, cuyo tema es Escapar. He tenido la suerte de ser una de las escritoras invitadas esta vez, así que podréis encontrar mi relato inédito La loba, con una bellísima interpretación ilustrada de la artista Natalia Velarde. Escapar es un número 12 redondo, tiene relatos, ilustraciones, una partitura, un suplemento infantil… ojalá os animéis a haceros con él y a apoyar las revistas literarias en papel, ya una rareza (y siempre, una belleza).
Escribir y amar.
Vulnerablemente.
No sé más.
Feliz con esta reseña de Tes Nehuén. No me acostumbro a que Todas mis palabras son azores salvajes llegue tan profundo a algunas personas, es una experiencia preciosa, pero es que además siento que la autora se ha metido en mi cabeza. Muy agradecida.
He tenido la alegría de recibir, junto con el resto de artistas que formamos parte de la exposición virtual Reescribamos el mundo, comisariada por Semíramis González, el premio Aequalitas que entrega el sindicato Fetico anualmente.
Dejo aquí mi intervención, y sobre todo os animo a visitar la exposición virtual haciendo clic en este botón.
Muchísimas gracias a Fetico por este reconocimiento. Yo trabajo en el mundo de la literatura con un enfoque multidisciplinar que incluye la escritura, los recitales poéticos, la traducción literaria y la formación en escritura creativa. Mi oficio siempre ha estado atravesado por el activismo feminista y lésbico.
En este sentido, quería mencionar tres cosas:
Ningún reconocimiento feminista puede recibirse en solitario, porque el feminismo es un movimiento de justicia social, una lucha por el bien común que nunca lleva una sola huella, son muchas manos entrelazadas, mucho trabajo en común. Es por eso que comparto este premio precisamente con mis escritoras peligrosas, sin quienes hubiera sido imposible atravesar el confinamiento y la pandemia sin dejar de escribir. Por ellas, y para que todas las mujeres estrenen un cuaderno en blanco este 8 de marzo y cuenten sus vidas y sus sueños, muchísimas gracias.
«Amigas», mi última traducción (realizada a cuatro manos con la fantástica Eva Gallud, juntas seleccionamos los relatos que compondrían esta antología) y Cómo acabar con la escritura de las mujeres de Joanna Russ, han sido recomendados respectivamente por la revista MiraLes y por el blog de reseñas Un libro al día como lecturas para el 8 de marzo. Orgullosa de contribuir con mi trabajo a la lucha feminista.