Dos años desde que me despidieron

Una relación humana honesta —es decir, una en la que ambas personas tengan derecho a usar el verbo “amar”— es un proceso delicado, violento, a menudo aterrador para las dos personas implicadas, un proceso de refinado de las verdades que cada una puede decirle a la otra (“Las mujeres y el honor”, imprescindible de Adrienne Rich en sus Ensayos esenciales)

Hoy hace dos años que me despidieron. Al caer en la cuenta gracias a uno de esos recuerdos que te llegan en las redes sociales (mi cara llorosa tratando de mantener la compostura en la presentación de una de mis traducciones aquella misma tarde) han vuelto a mi memoria los meses en que soporté el mobbing de mi jefa y su secretaria hasta que las que no lo pudieron aguantar fueron ellas y prefirieron zanjar el asunto con un despido improcedente.
Qué tiempos tan sombríos. Una mañana me caí por una alcantarilla (sí, en serio) y hecha polvo seguí mi camino porque si no estaba a mi hora sabía que me harían la jornada aún más invivible. Por la noche acabé en urgencias, claro. Pero esa caída era mi alma sabia diciéndome eh, por este camino no, me estás haciendo daño y ya no sé cómo avisarte.
Hubo vergüenza también, al darme cuenta de que no fui la tía dura que siempre he querido ser. Ah, pero la vulnerabilidad está ahí y yo me hago débil cuando pongo amor y me dañan.
Ha sido un viaje por el interior de una alcantarilla, este tiempo. Las putas cloacas de mi integridad. He tenido una crisis tan grande pensando en las veces que yo habré podido hacer daño por omisión, que he salido del subsuelo como una jodida leona y ya jamás.
Una de mis Peligrosas, Nerea, ha escrito una autoetnografía sobre su trayectoria como artista y me ha inspirado para hacer la mía acerca de mi cuarto de siglo en el activismo feminista. En el camino recorrido, ahora de la mano de mi verdadera jefa, me encuentro con toda la maravilla pero también con todas mis faltas. Veo mujeres que se alejan y a las que nunca dije adiós. Y ya jamás.
Además, que dentro de nada me va a caer una buena por ser una mala feminista. Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.
Por esta leona.

Publicado por Gloria Fortún

No tengo tiempo para escribir poco

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