Entrevista para Bestia Lectora

Me han hecho una entrevista muy especial. No sé cómo lo ha hecho Tes Nehuén, de Bestia Lectora, pero nos pusimos poéticas. Feliz Día del Libro con esta locura de amor que es mi poemario Todas mis palabras son azores salvajes.

[Las fotografías de la entrevista son de Isabel Wagemann]

Presentación en la Universidad Complutense

Fue tan especial presentar ayer Todas mis palabras son azores salvajes en la Universidad Complutense… Lo hice junto a mi querida Melani Penna, autora de Bollo y una de mis queridas escritoras peligrosas, mi comunidad, mi banda. Estuvieron a nuestro lado Gonzalo y Alberto, editores de Dos Bigotes, y entre el público universitario también nuestras compañeras peligrosas, porque siempre nos apoyamos y nos celebramos.

El acto formó parte de la Semana de la Visibilidad Lésbica organizada por la Oficina de Diversidad Sexual e Identidad de Género de la Delegación de Diversidad e Inclusión, UCMd+I.

Me siento muy afortunada de que Melani me haya elegido para estar a su lado en el primer evento de su libro, por el constante apoyo de nuestra comunidad peligrosa y por tener unos editores increíbles, que además esta semana han cumplido siete años desde que la editorial inició su andadura.

¡Leed a Melani! Aquí os dejo un vídeo en el que ella misma explica Bollo.

Presentación Bollo / Todas mis palabras son azores salvajes (UCM)

Con motivo de la Semana de la Visibilidad Lésbica en la Universidad Complutense de Madrid, Melani Penna Tosso y yo presentaremos nuestros libros el jueves en el campus de Moncloa. Bollo, el libro de Melani, es una novedad que podréis adquirir por primera vez en este acto, junto con Todas mis palabras son azores salvajes.

¡Ojalá nos encontremos!

(Más información de los actos de la semana en la UCM, haciendo clic aquí debajo)

Regalos

La diferencia esencial entre un intercambio de regalos y otro de mercancías es que el regalo establece un vínculo emocional entre dos personas. (Lewis Hyde)

Un bote con dientes de león soplados, un paisaje de lana, unos mitones, un cuaderno con incrustaciones, Clarice Lispector en punto de cruz… regalos hechos a mano. ¿Qué es el amor? Justo esto.

Deja esa pistola

Hay un poema maravilloso de Mary Karr («Wisdom: The Voice of God«) que termina con el verso «Deja esa pistola, necesitas un sándwich». Ha estado muchas veces en los post-its que pego por todas partes. Otra forma de decirlo es la de mi amiga Rosa: «No cojas lo que no es tuyo». Y cómo cuesta. Ante la hostilidad amarte. Ante los juicios saber: no está hablando de mí, es suyo. Mi verdad tiene piernas y camina a mi lado.
Estar donde estoy ahora mismo, delante de mi ordenador aún caliente, después de trabajar en mi novela, en abril de 2021, ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida, porque ha tenido que pasar todo lo anterior para que yo pueda imaginar esta historia. Y por primera vez puedo decir que no cambiaría nada. Nada. Y que a veces todo lo que una necesita es un sándwich.

Más links por donde vuelan los azores

En la revista GQ, Todas mis palabras son azores salvajes es uno de los 20 libros LGTB+ que no puedes dejar de leer en 2021. También han hecho una magnífica reseña de mi poemario, crítica y muy detallada, de la que he aprendido mucho, en Fantasymundo. Gracias por la inmensa acogida de mis pájaros del deseo.

(La fotografía es de Amanda Blanco, una de mis Peligrosas, surcando el Atlántico)

Escribir en la cocina

Un puto año llevo escribiendo ya en la cocina, me muero de la risa. La habitación propia con mi bonito mac y todos mis libros también ahí muerta de risa. No voy a ser yo quien detenga este flujo, que viva el flujo.
El otro día las Peligrosas hicimos un listado de formas en que boicoteamos nuestra escritura. Lo dejo más abajo porque seguro que a muchas les suena familiar.
Se me olvidó añadir el ritmo impuesto por el afán de productividad. No siento ese deseo de producir textos publicables de forma constante. A veces los quiero dejar en mi cuaderno, en mi procesador, o son para una amiga, qué sé yo. No tengo ansia estelar, solo el firme deseo de gozar con lo que escribo, de sentir el cosquilleo cada vez que consigo la belleza de la ficción. La ficción para mí no es una forma de evadirme de la realidad, sino de comprenderla y de soportarla.
Esto no significa que no me emocione saber que lo que escribo gusta a otras. A veces incluso lo escribo para otras, porque es lo más inmenso que mi amor puede ofrecer. Pero me niego a valorar el producto por encima del proceso, a tener una mentalidad capitalista con mi arte. En estos meses trabajo en mi novela y hay un canal directo y sensual entre mi mano —aferrada al bolígrafo o acariciando las teclas antes de pulsarlas— y el resto de mi cuerpo.
Nos pasamos el día criticando nuestros propios cuerpos. ¿Y todas las maravillas que estos pueden hacer?
Escribo esto pocos días antes de cumplir 44 años, en mi cocina, después de pasar mi lengua por las líneas de mis manos, las líneas de la vida, como una loba que se acaba de dar un festín.

FORMAS DE SABOTEARNOS COMO ESCRITORAS

  • No mantener las citas de escritura.
  • Permitir que las necesidades de otras personas interfieran en nuestra escritura.
  • Permitir que gente en la que no confiamos lea nuestros textos.
  • Comparar nuestros borradores con el texto terminado, corregido, etc. de alguien.
  • No terminar textos de forma habitual.
  • Perfeccionismo.
  • No ser realistas en nuestros objetivos.
  • Que el juicio final de un texto sea la opinión de otra persona (un concurso, una profesora de escritura, un amigo…).
  • Presentar a clase, o enviar textos que no están en su versión final.
  • Creer que publicación es sinónimo de éxito.

Santa Gloria

Las mañanas de domingo, siempre preciosas y tristes. Madrugo y veo amanecer con un primer café. Reparo en los árboles, ayer pelados y ahora abrileños. Me ducho y bajo a comprar la prensa. Hoy además he traído cruasanes del Santa Gloria, para celebrar que es mi santo y la maravilla de llevar el nombre de una estirpe de mujeres gloriosas: la Fuertes, la Anzaldúa, la Steinem…
Además con mi nombre tengo una historia digna de que Dolly Parton me haga una canción (Jolene siempre me ha dado mucha envidia). En el verano de 2006 regresé de pasar un año estudiando en Estados Unidos y busqué trabajo. Debían de ser buenos tiempos porque lo encontré rapidísimo, en el departamento de grandes cuentas de una importante empresa de mensajería. La jefa era una italiana cuya voz se escuchaba por toda la enorme sala en la que atendíamos con cascos inalámbricos a nuestros exclusivos clientes. Cuando la telefoneaban a ella era porque alguno de ellos estaba descontento, entonces siempre se despedía con «gracias y un saludo», como si fuera un email en lugar de una conversación, y gritaba a alguno de sus agentes: ¡Por qué no tienes localizado el paquete! Era horrible, la verdad.
El caso es que cuando la italiana me comunicó que el puesto era mío, también me avisó de que no me podía llamar Gloria. Damos un trato personalizado a nuestros clientes y se refieren a vosotros por el nombre de pila, me explicó. Ya hay una Gloria en el departamento, así que para que no haya confusiones cuando pregunten por ti, debes elegir otro nombre. Empiezas el lunes, me lo dices entonces.
Escogí Carlota por Charlotte Brontë y empecé en mi puesto. ¿Y qué pasó? Pues que tuve una cuenta de correo electrónico que era carlota.fortun. Que con los clientes acabas intimando y para todos era Carlota. Que mis compañeros no sabían que no era mi nombre real. Recuerdo una tía amargada que no sé por qué me despreciaba y siempre me decía lentamente: Car-lo-ti-ta… Hice amistades, claro. Salíamos por ahí: ¡venga, Carlota, pídete otra ronda!
Estuve unos meses en ese trabajo y fui Carlota entre semana, Gloria los findes. Por eso ahora siempre celebro mi santo: como se descuide una, pierde hasta lo que creía inamovible.

Es difícil

Es difícil ser escritora y tener que hacer la comida (es difícil ser escritora y tener que empanar filetes). Pero tengo cuadernos y pan rallado (pero tengo una historia que contar). Siento mucho todo lo que mi novela no puede hacer (siento mucho no poder rozar tus labios con mis dedos). Pero estará llena de bellezas pequeñas (pero en ella tú te vuelves y sonríes al verme). Es difícil vivir (pero bueno, y qué).