Escribir y vivir

Mirad, no pierdo la sonrisa porque hago lo que amo. Pero escribir una novela es prácticamente incompatible con una vida ajetreada como la mía (y como la de casi todas las escritoras que conozco). Mantener la voz de mi historia en mi cabeza mientras trabajo para llegar justita a fin de mes, y vigilar mi cuenta bancaria para asegurarme de que llego con el consiguiente estrés que eso provoca, y madrear a una preadolescente, hijear también, y nutrir, llenar de café y gozar este cuerpesito mío porque si no lo hago imposible todo lo demás, y mantener a raya a mi censora y a mi impostora, que las cabronas a veces son unas bocazas, y convertirme en susurradora de mi corazón cuando se desboca… hablemos claro, no me extraña que antes solo pudieran publicar novelones los señores que no se ocupaban de nada más. Lo milagroso, lo alucinante son todas esas mujeres que a pesar de todo escribieron. ¡Santa Joanna Russ! Admitámoslo, la novela es un género elitista. Menos premios y más ayudas a la creación. También para señoras que no se puedan ir a un retiro en una cabaña de los Alpes o a hacer creative writing en Wisconsin porque no pueden dejar a sus criaturas o a sus madres mayores, eh, también. Que sin imaginadoras este mundo es una mierda. Porque para hacer cambios primero hay que soñarlos. Y de eso nosotras sabemos un montón. Buenas noches con mis ojeras de robar horas a la silenciosa madrugada.

Publicado por Gloria Fortún

No tengo tiempo para escribir poco

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